29 noviembre, 2016

Asesinato en la habitación 301

En mi escritorio estaba un expediente viejo y lleno de polvo, me solían tocar ese tipo de casos, los que nadie había podido resolver, pero no eran tan graves y se dejaban acumulados en un estante con miles de casos similares y ordenados alfabéticamente. Lo tomé, sus hojas estaban amarillentas, lo leí rápidamente “Asesinato en la habitación 301“, nada muy relevante, era la muerte de dos prostitutas extranjeras en una calle de mala vida, en ese callejón oscuro.

Asesinato en la habitación 301

Dejé atrás la oficina de la policía, mi placa colgaba al costado de la cadera y se movía con los bruscos saltos del auto, me estaba adentrando a calles en donde las personas miraban de reojo a un policía con sus luces azules y rojas titilando. Eran las seis de la tarde, estaba a punto de marcharse el sol, aún quedaba entre sombras oscuras un poco de sol.

Me estacioné, allí estaba el edificio Cristal, quizás todos sus cristales en las ventanas se habían quebrado, parecía que se desplomaría en cualquier momento, sus ladrillos gastados ya no eran naranjas, de hecho, tenía al apenas acercarme un olor a rancio y putrefacto. Toqué la puerta del edificio, se abrió sola, cada fibra de madera sonó estruendosamente, el salón donde se recibía a las visitas estaba más que vacío y cubierto de telaraña, vi el ascensor en definitiva no subiría por allí.

Piso tres decía un pequeño cartel torcido, la habitación 301 donde ocurrió el asesinato estaba justo al frente, di unos pasos, entré, al principio sentí un escalofrío recorrerme de la punta de los pies hasta la punta de los pelos, lo ignoré, allí todo estaba tan desordenado, botellas de alcohol tiradas y lo que quedaba de cigarrillos amontonados en una esquina, no se veía tan desgastado ¿el asesino estuvo hace unos días aquí? 

  –  ¡Bienvenido! – su voz era chillona, la reconocí de inmediato era una de las prostitutas, tenía todo el delineador corrido por el rostro y su ropa estaba rasgada – ya tengo nueva compañía en la maldita habitación 301, vas a morir igual que yo

Sentí el filo adentrarse en mi carne hasta los huesos. Ahí fue cuando me di cuenta de que estaba el la escena del asesinato en la habitación 301.