10 noviembre, 2015

Carta acerca de mí, un cuento triste

Hay quien va por la vida
con cara de niño,
una risa en el ojal,
la cara bien seria
y el corazón destruido.

Yo sé que prometí no buscarte, pero es que quería que me contaras cómo es la vida sin mí. Disculpa, no pretendo ser pretencioso, es que sólo necesito saber cómo se siente mi ausencia. ¿Sabes?, toda mi vida he estado rodeado de mí. Ahora comprendo a qué te referías cuando decías que te atosigaba, que te sentías asediada; ahora comprendo tu sensación de abrumo.

Me he dado cuenta en este tiempo, en esta soledad, que no me soporto más, que me cansé de estar todo el tiempo conmigo mismo, de no darme un respiro. Jamás pude separarme de mí, desprenderme; experimentar eso que llaman aislarse, ni siquiera distraerme o notar mi ausencia temporal, sentir mi silencio. Casi enfermizamente he estado atado a mí, a mi realidad y a mis circunstancias. Creo que busqué en ti una vía de escape, un drenaje a mi existencia tan absorbente y celosa. Disculpa si te usé, no fue mi intención utilizarte, pero creo que mis celos de ti me hicieron hacer cosas absurdas. ¡Que tonto fui!, tuve la oportunidad de ser algo más, alguien más y la dejé pasar.

Ahora, vuelta a mi eterno peregrinar interno, a mi tiempo sin espacio, a las noches de reproches y desplantes, de despedidas sin marchas, al silencio inconcebible de auroras y ocasos permutables, indiferentes.

Perdóname nuevamente, sé que falté a mi palabra. El que falta está signado a hacer ver su arrepentimiento y mendigar perdón. Nunca quise quedarme solo y creo que no lo estaré.