3 marzo, 2018

Cuento corto del gato con botas, un cuento clásico y corto

El gato con botas es famoso desde que salió con shrek y el burro, pero ¿Sabías que este lindo gatito tiene su propio cuento?

No desesperes, aquí te dejamos al gato más famoso del mundo de la literatura.

Arturo y sus tres hermanos vivían con su viejo padre en una finca fuera de la gran ciudad.

Una tarde el anciano señor murió repentinamente y dejó algunas de sus propiedades como herencia a sus dos hijos mayores, pero al pobre Arturo sólo le tocó una cabaña un poco destartalada y un gato muy bonito.

Por supuesto, Arturo quedó muy triste porque sus hermanos se fueron muy lejos con el dinero de la herencia y él quedó solo con el minino.

Pero un día cualquiera el gato habló seriamente con Arturo.

“No te preocupes. Yo haré de ti un príncipe”, le dijo.

Además de la sorpresa de ver que su gato hablaba, Arturo no tenía ninguna confianza en lo que le estaba diciendo.

“¿Y cómo se supone que harás eso?”, le preguntó incrédulo.

“Pues dame tus botas y deja el resto de mi parte”, explicó el felino.

Y así fue como el gato se calzó las botas de Arturo y caminó hasta lo profundo del bosque donde capturó algunas de las especies de animales más deliciosas conocidas hasta ese momento en el mundo.

Ya con ese cargamento el gato se dirigió al castillo del rey Felipe II y solicitó audiencia.

El portero, a quien llamaban ujier en la corte, no pudo evitar burlarse.

“¿Y a quién anuncio?”, dijo sin disimular una sonrisa.

“¡Pues, al honorable Gato con botas de Carabás!”, expresó con mucha seguridad el felino.

Cuando le contaron al rey, no dudó en recibir al extraño visitante que ostentaba el solemne título.

El Gato hizo una reverencia, y lanzó un discurso elegante que agradó mucho al rey y que también disfrutó la reina. Pero más contentos quedaron cuando el Gato con botas les mostró todas las exquisiteces que había cazado en el bosque.

“Es un obsequio de mi joven servidor, el Marqués de Carabás”, dijo.

Tan contento quedó Felipe II que invitó al Gato con botas y a su amo a un paseo que iba a realizar con su hija, la joven y bella princesa del reino.

El minino corrió a darle la buena noticia a Arturo, pero su amo no estaba tan alegre.

“Lo lamento mucho, pero no tengo ropas decentes para presentarme ante el rey”, dijo.

“Tú no te preocupes. Tengo todo resuelto”, le respondió el Gato con botas.

Así que el felino y Arturo se trasladaron al camino por donde iba a pasar el rey y toda su comitiva.

Fue entonces cuando el minino le dijo a su amo que se lanzara a una gran laguna que estaba cerca.

“¿Queeeeeeeeeeeeé? ¿Y por qué?”, preguntó asombrado Arturo.

“Hazlo y ya. Déjalo de mi parte”, le dijo el Gato con Botas.

Y entonces el felino corrió a encontrarse con el carruaje del rey para decirle que algo había pasado.

“¡Mi amo el Marqués de Carabás ha sido víctima de un asalto, ayuda!”, mintió el Gato con Botas.

“Que venga el Marqués, que nosotros lo atenderemos”, dijo el rey.

Fue así como mientras el rey y la princesa atendían al buen Arturo, el Gato con Botas pensó que su amo no tenía ningún castillo para convertirse en el esposo de la bella hija de Felipe II.

Y entonces tuvo otro plan. Se fue hasta el castillo del ogro, que era conocido por hacer miles de trucos de transformación.

Conversó durante horas con aquel ogro, mientras le pedía que se transformara en cientos de animales y seres extraños.

“¿Y podrías también convertirte en un ratoncito?”, le preguntó.

El ogro se convirtió en un ratoncito y el Gato con botas se lo comió rápidamente.

Ya con el castillo a su disposición, el felino volvió al palacio del rey.

“En nombre del Marqués de Carabás, les invito a pasar a su castillo, donde él pedirá formalmente la mano de su hija”, expresó muy formal el Gato con botas.

Los reyes estuvieron muy felices y complacidos, y la princesa sonrió satisfecha.

Esa misma semana Arturo y la princesa se casaron y se convirtieron en la pareja más feliz de la región.

El Gato con botas también vivió feliz de haberse arriesgado a tomar las decisiones correctas en el momento justo.