8 agosto, 2014

El asno y el perrito

perro1En una aldea muy lejana, un campesino tenía un perrito y un buen asno. El perrito era muy inteligente y juguetón; el asno era trabajador aunque un tanto torpe. El perrito era el consentido de su amo y ambos tenían una amistad inseparable que se llenaba de mucha alegría con tantos juegos y tantos cariños que se hacían. El amo también quería mucho a su asno y siempre después de mucho trabajar, le daba buena comida y le permitía descansar largos días para retomar el trabajo. Los dos animales tenían todo el cariño de su amo y cada uno a su modo le sabía responder muy bien.

Casi siempre que el campesino salía de casa, llegaba con golosinas para darle a su perro, con el fin que verle mover su cola y hacer saltos por toda la casa. El asno empezó a sentir mucha envidia y empezó a buscar la forma para también sorprender a su amo.

Un día mientras observaba lo que su amo hacía con el perro, el asno se dijo a sí mismo: – ¡Le premia por verle mover la cola, y por unos cuantos saltos le colma de caricias! ¡Pues yo haré lo mismo! Cuando vio que su amo se acercaba al lugar en donde estaba, corrió saltando como el perro, pero por su fuerza le dio tremenda coz a su dueño, quien muy furioso y adolorido, lo envió castigado al pesebre.

Ese día el asno se dio cuenta de que no todos están hechos para hacer lo mismo y cada uno tiene una capacidad que lo hace especial en este mundo. Él a pesar de no poder saltar y hacer trucos como el perro, siempre había sido premiado por su esfuerzo y su trabajo, nunca antes había sido castigado, hasta que quiso ser lo que no era. Siempre debemos reconocer nuestras capacidades y entender que a su manera serán recompensadas, sin necesidad de envidiar a nadie.