16 julio, 2014

El duende y el niño

duendeEl bebé dormía plácidamente en su cuna cuando de repente la madre escuchó el llanto. Al entrar en la habitación vio que en la cuna no estaba el pequeño y que en su lugar había una barba larga, con ojos mirones, sobrero puntudo y zapatos muy brillantes. La criatura bebía y corría por toda la cuna haciendo una voz muy estremecedora.

La madre del pequeño fue corriendo donde una vecina para contarle lo que había pasado y pedirle ayuda para encontrar a su pequeño.  La vecina le recomendó que  llevara al intercambiado a la cocina, lo colocara junto al hogar, encendiera el fuego y lo colocara a hervir agua en dos cáscaras de huevo, lo que debería hacerlo reír y si efectivamente reía, todo quedaría resuelto con él.

La madre en medio de su desespero por encontrar a su pequeño hizo todo tal y como lo indicó la vecina para así encontrar una pronta solución. Todo salió como esperaba y el duende de la cuna empezó a reír a carcajadas, parecía una criatura muy feliz y nada le podía calmar esa sensación de felicidad.

De inmediato la madre vio como unos duendecillos traían a su pequeño y se llevaban ahora al risueño duende. Ella puso a su bebé a salvo y ese día entendió la importancia de hacerlo muy feliz.

Pasaron los años y siempre luchó por darle mucha felicidad para que los duendes no volvieran. Al crecer le contó la historia y nuevamente los duendes aparecieron para agradecer por la felicidad de tantos años.  Nunca más volvieron a desaparecer niños y procuraron por hacer que en los hogares hubiera mucha felicidad.

La madre del pequeño aprendió ese día que la risa corrige muchos males y por eso procuró mantener siempre feliz con su pequeño.