20 junio, 2014

La cenicienta

La cenicienta es un cuento corto clásico que cuenta la historia de una niña pequeña que ha perdido a su madre, se va a vivir con su padre, el problema es que su madrastra y sus hermanas eran muy mala con ella, poco sabían que ella se convertiría en una princesa.

Cuento corto de la princesa favorita de todos los niños, la cenicienta

En un país muy lejano vivía una hermosa joven que desde muy niña quedó huérfana y en las manos de una malvada madrastras y dos hermanastras.

La linda joven era obligada a hacer los trabajos pesados de la casa y su vestimenta siempre estaban cubiertos por ceniza, por este motivo era llamada Cenicienta.

La bella Cenicienta a pesar de sufrir maltratos por parte de sus hermanastras y madrastras, siempre se conservaba amable y con el deseo de recibir un poco de amor por parte de ellas; sin embargo Cenicienta siempre fue privada de todo y tratada como una simple criada.

Un día el Rey anunció un gran baile en su castillo para que su hijo eligiera una bella doncella como esposa; la noticia corrió por todo el reino y las invitaciones empezaron a llegar a cada una de las casas donde había lindas señoritas.

Cenicienta fue la encargada de recibir la invitación de la casa de su madrastra, ella se emocionó mucho con la idea de que podría asistir pero pronto era alegría se transformó en tristeza ya que su malvada madrastra le arrebató la invitación y en tono de burla le dijo que jamás podría ir a un baile.

Cenicienta tuvo que preparar los vestidos de sus hermanastras en medio de su tristeza, ella no paraba de llorar mientras hacía cada detalle de esos hermosos vestidos que usarían para el anhelado baile.

El día del baile  Cenicienta le rogó a su madrastra que la dejara ir al baile y ella la encerró para dejarle claro que no podría ir.

La bella Cenicienta lloró durante largas horas y su tristeza invadía todo su ser, de repente por arte de magia, una linda hada apareció y con tiernas palabras consoló a la hermosa joven:

–  “¿Por qué lloras, hermosa joven?, preguntó la hada,

– Mi madrastra no me dejó ir al gran baile del príncipe, dijo la bella Cenicienta entre lágrimas.

El hada no soportó la tristeza de Cenicienta y de inmediato le dijo que ella si podría ir al baile.

Con su magia vistió a la bella cenicienta con el vestido más hermoso y le dio la carroza más fina, l único que le pidió a cambio fue regresar justo cuando el reloj diera las 12.

La bella Cenicienta llegó al palacio y deslumbró a todos con su belleza, el príncipe al verla tan tierna y hermosa de inmediato quiso conocerla y bailar con ella, todo parecía un sueño hermoso hasta que el reloj marcó las 12.

Cenicienta tuvo  que salir huyendo del palacio y el príncipe al no entender lo que pasaba decidió seguirla, en el camino Cenicienta perdió su zapatilla de Cristal y fue la única pista que pudo encontrar el príncipe para poderla buscar.

Al día siguiente el príncipe envió a un mensajero a buscar la señorita dueña de la zapatilla; ninguna era tan delicada como para calzarla perfectamente.

Al llegar a la casa de la Cenicienta las hermanastras intentaron calzar la zapatilla, al no poder el mensajero ordenó que Cenicienta se la midiera.

Todos quedaron sorprendidos al ver que Cenicienta era la chica de la zapatilla; de inmediato fue llevaba al reino y poco tiempo después se casó con el príncipe y vivieron felices por siempre.

Cuento largo de la cenicienta

Ella era una chica muy bella que desde pequeñita había perdido a su querida madre.

A pesar de la tristeza que tuvo en la niñez por la ausencia materna, esta niña vivió tranquila con su padre hasta que él se enamoró y se volvió a casar. Entonces las cosas comenzaron a cambiar.

Y es que su papá contrajo matrimonio con Lady Tremaine, una mujer que ya tenía dos hijas. Eso no debería significar ningún problema en particular pero estas hijas no eran buenas personas.

Se trataba de dos lindas pero muy holgazanas muchachas llamadas Drisella y Anastasia, que no estaban nada contentas con que la chica hubiese llegado a casa.

“¿Quién es esta pobretona, tristona y simplona muchachita?”, se preguntaban burlándose de ella.

Y la nueva esposa, que ahora se había convertido en la madrastra de la muchacha, tampoco era muy agradable que digamos. Era en realidad una persona odiosa y mandona.

“¡Limpia, lava, cocina!”, le gritaba.

Y una vez que había hecho todo esto, la obligaba a repetir cada tarea.

Fue en esos días en que las hermanastras le pusieron un triste apodo: Cenicienta, que era la unión de las palabras “cenizas” y “sirvienta”, pues la pobre muchacha vivía con el rostro sucio de polvo de tanto limpiar aquella gran casa una y otra vez.

Así transcurrían los días de la pobre Cenicienta.

“Qué tristeza. ¿Será este mi destino por siempre?”, se preguntaba cada tarde.

Limpiaba pisos, paredes y baños, cocinaba las exquisiteces que Lady Tremaine, Drisella y Anastasia le pedían, lavaba los incontables ropajes de todas y cuando pensaba en descansar un poco, la obligaban a empezar otra vez.

Una tarde estaba casi desfallecida de agotamiento cuando escuchó a las odiosas mujeres hablar sobre una gran fiesta que habría pronto en el reino donde habitaban.

“Habrá una gran, gran, gran celebración de bienvenida para el hijo del rey, el príncipe Alberto, que ha regresado de ganar batallas en países lejanos”, contó alegre la madrastra.

Pero había una razón particular para que las hermanastras y Lady Tremaine estuvieran tan contentas. La fiesta sería la ocasión para que el príncipe escogiera una señorita que luego convertiría en su esposa.

Como sabemos, toda chica desea casarse con un príncipe, así que para Drisella y Anastasia aquella era una gran oportunidad de formar parte de la realeza.

Todas las muchachas del reino fueron invitadas a la fiesta.

Y en aquella casa donde Cenicienta sólo era la servidumbre, la madrastra vistió a sus hijas con los más lujosos vestidos y joyas, con la esperanza de que el príncipe eligiera a alguna de ellas.

Pero Cenicienta también quería asistir a aquella celebración.

“Quisiera ir con el más sublime vestido y bailar un vals con el atractivo Alberto, el príncipe más codiciado de toda la región”, se decía soñando despierta.

Ella sentía que todo era un sueño imposible, pues no tenía ni los ropajes ni las joyas, ni siquiera un carruaje donde ir al palacio real.

Sin embargo, eran tan fuertes sus deseos de ir a la fiesta, sus ganas de cambiar su triste vida al menos por una noche, que de repente, precisamente la noche de la fiesta real, de las brasas de la chimenea salió una multitud de chispas que se convirtieron en un hada madrina.

Este mágico ser le prometió ayudarla. Con su varita mágica convirtió una calabaza en un lujoso carruaje y a varios ratones en caballos hermosos y en un cochero muy atento.

Además, le colocó un vestido hermosísimo y un par de zapatos de cristal. Pero el hada le hizo una importante advertencia.

“Debes regresar antes de la medianoche, porque a esa hora se deshace el hechizo”.

Y así llegó Cenicienta a la fiesta. Convertida en la chica más bella de todo el lugar. Apenas la vio, el príncipe Alberto se enamoró perdidamente de ella y no paró de bailar con aquella hermosura toda la noche.

Cenicienta estaba tan feliz que olvidó que las horas pasaban y olvidó la advertencia de su hada madrina. Cuando escuchó las campanadas de la medianoche salió huyendo despavorida del palacio antes de que el hechizo se terminara, y cuando bajaba las escaleras se le salió una de las zapatillas de cristal.

El príncipe quedó sorprendido y triste de no ver más aquella belleza, pero aprovechando que tenía la zapatilla, dio una orden tajante.

“Quiero que todas las jovencitas del reino se prueben esta zapatilla. De este modo podré localizar a mi amada”, dijo esperanzado.

Todas las chicas del reino se probaron aquel zapato de cristal pero a ninguna le quedaba.

Por supuesto, tampoco las hermanastras de Cenicienta tuvieron suerte porque sus pies eran grandes y feos.

Por fin llegó el momento en Cenicienta se lo midió y le ajustó perfectamente en aquel pie menudo y delicado.

Fue así como su vida cambió para siempre. El príncipe inmediatamente la llevó a su palacio y le pidió matrimonio.

Al poco tiempo se casaron en otra gran fiesta y vivieron felices por muchísimos años.

Aquí puedes escuchar y ver la historia de la cenicienta, desde youtube.