23 junio, 2014

La libre y la tortuga

liebre-tortugaEra un día soleado y hermoso en un gran jardín, la liebre como de costumbre se paseaba por todo el lugar saltando y descansando cada vez que encontraba una pequeña sombre entre los matorrales.

Un día mientras tomaba su descanso vio como una pequeña tortuga caminaba a paso lento con sus cortas patas y se acercaba lentamente hacía donde él estaba. La liebre la observaba con mucha burla y la tortuga un poco disgustada le exclamó: – Puede que seas más ágil y veloz que yo, pero te apuesto a que te puedo ganar una carrera.

La liebre estalló en risas y no dudó en aceptarle el reto a aquella tortuga lenta que arriesgaba todo su honor en algo casi imposible de ganar.

El día de la competencia llegó y la liebre se sentía ganadora incluso desde antes de empezar, la tortuga estaba muy animada y al iniciar la carrera empezó a dar pasos más rápidos que se hacían muy cortos al ver a la liebre alejarse cada vez más.

La liebre encontró una sombre en medio del jardín y decidió descansar un rato porque consideraba que era imposible que la tortuga lo alcanzara. Sin embargo el sueño la venció y durante un largo rato durmió en la sombra sin darse cuenta de todo el tiempo que estaba perdiendo.

La tortuga seguía avanzando y logró tomar una gran ventaja de la liebre, cuando por fin esta se despertó se dio cuenta de que la tortuga estaba ganando la competencia y a pesar de que corrió como nunca no logró vencerla, la tortuga cruzó la línea de la meta  y logró tener la victoria.

Desde entonces la liebre aprendió una gran lección de vida, nunca se debe subestimar a nadie por su tamaño o capacidades, a veces nuestros defectos pueden hacer más grandes las cualidades de otros.

La tortuga a pesar de que sabía que era muy lenta nunca se rindió y luchó por conseguir el triunfo que tanto deseaba.