2 diciembre, 2016

La Navidad de David

Hace muchos años, en un pueblo apartado, en un lugar, llamado Tierra bonita, vivía un pequeño niño cuyos padres eran muy trabajadores, humildes pero muy felices. Este pequeñito, David, jugaba todo el día, corría, saltaba y le encantaba perseguir gallinas; así como también ansiaba todos los años la navidad.

La Navidad de David

Llegado diciembre, comenzó a preocuparse, pues había escuchado de sus padres que ese año las cosechas no estuvieron buenas y les preocupaba, ¿Qué le regalarían al Niño? Era tradición que el obsequio para el Hijo de Dios, el Niño Jesús. Este debía ser bueno, pues si daban mucho, recibirían en igual proporción.

Al iniciar diciembre, comenzó a imaginar el mejor regalo para el Niño Dios… Pensó, primero en lo que él tenía, compartir sus cosas más queridas. Bueno, en realidad eran cosas de niño, pero para él valían mucho.

Y, si no le gusta la goma de mascar? es muy pequeño, pensó, tal vez su madre, la Virgen María no le deje comer eso. Mejor buscaría una fruta, era más sano. También se imaginó al niño Jesús jugando con un balón, que maravilla alguien con quien compartir, y reaccionó:

Cierto, no camina.

Será para cuando esté más grande. Así pasaron los días y David, pensaba, tanto había cambiado que sus padres estaban asombrados de este comportamiento. Una noche entre sueños y ensueños, David escuchó una voz que le pedía:

Un arbolito, ese es el mejor regalo.

Despertó inquieto y sin mediar palabra buscó entre sus pertenencias una semilla de manzana que en algún momento, había guardado. Fue así que tomó una pala, fue cerca del río, ubicó un agradable lugar y comenzó a cavar… Mientras lo hacía, sentía como una brisa suave lo acariciaba y se llenaba de emoción al imaginar la cara del niño Dios. Corrió a casa y dijo a sus padres:

Estén tranquilos, ya tengo la solución para navidad, tengo el regalo perfecto.

Sus padres le recordaron al pequeño, que el árbol tardaría en crecer, para la navidad faltaba poco. ¿Creen que David se desanimó? Para nada, había tanta seguridad en él que, nada de lo que dijeran lo desanimaría.

Para la navidad faltaban solo tres días, y sus padres trataban de convencer al pequeño de que lo del árbol era como… difícil. A David no le preocupaba lo que los adultos pensaran, el milagro de la fe hace realidad cualquier propósito. Era un pedido de Dios y él, así lo cumplió.