23 abril, 2014

La princesa egoísta

PrincesaEn un país muy lejano vivía una bella princesa llamada Anabel, desde muy pequeña el rey le complacía todos sus caprichos y como nunca le faltaba nada, ella creció siendo muy ambiciosa y egoísta.

Todas las chicas del reino la envidiaban pues ella siempre tenía los mejores vestidos, las más lindas joyas y su belleza deslumbraba a todos al pasar; sin embargo ella tenía un defecto que le quitaba toda su belleza en cuestión de segundos, era demasiado egoísta y solo pensaba en su bienestar sin importar pasar por encima de los demás.

Un día al reino llegó a vivir una familia muy humilde conformada por dos humildes campesinos y una hermosa hija con una belleza incalculable; esta chica era muy amable y siempre sonreía a todas las personas que la rodeaban, era encantadora y su belleza no la medían los lujos sino más bien su personalidad.

La princesa no quiso prestarle mucha importancia a esta chica ya que ella sentía que no llegaba a su nivel social, ella se creía la más hermosa y rica de su reino así que no tenía por qué preocuparse.

Cuando la princesa cumplió 18 años su padre decidió que era hora de casarla, ella estaba muy emocionada y esperaba que el príncipe más rico llegara para tomarla por esposa; desde muchos reinos comenzaron a llegar apuestos caballeros a cortejarla pero ella los rechazaba porque sentía que no era suficiente. Un día llegó un apuesto príncipe de un reino muy lejano, él era quizá uno de los más ricos y a diferencia de la princesa, siempre se caracterizó por ser muy humilde y generoso; el príncipe no tenía intención de encontrar una princesa para casarse, él solo deseaba conocer nuevas tierras y vivir aventuras; sin embargo en un paseo por el poblado vio a aquella joven humilde y hermosa que sonreía y transmitía una belleza incalculable, él de inmediato se enamoró y no dudo en ir a conocerla; la princesa Anabel se enteró y se puso muy furiosa porque sentía que le habían quitado a su príncipe, ella lo invitó al palacio y le pidió que la tomara por esposa, pero el príncipe al verla tan arrogante, envidiosa y egoísta no quiso estar con ella ni un instante más. De inmediato corrió al pueblo a buscar a la bella joven para pedirle que fuera su esposa y se mudara con él a su gran reino.

Desde ese entonces Anabel comprendió que no podía tener todo lo que deseaba con dinero, ella se dio cuenta que el dinero, la envidia y el egoísmo, no podían comprar el amor de una persona humilde y sincera.