15 diciembre, 2015

Sónometro

La frenética curva subía y bajaba del sonómetro, la voz de un niño se insertaba en las latitudes de su cerebro, la palpitante vida real, los coches, el trafico, la risa prolongada, innecesaria, el parloteo de dos hombres de mediana edad contaminaban sus oídos, el sonómetro se rompió.

Caminar por la calle, encontrar un basurero, tirar el sonómetro y conseguir tapones para los oídos, el hombre que caminaba encontró una manera de vivir, decidió que el ruido era suficiente para volverlo loco, decidió que el ruido no valía la pena de experimentar.

Así que el hombre decidió vivir con tapones en los oídos, el hombre se dio cuenta que aún así el ruido entraba a su corteza, a su cerebro, a sus entrañas, así que el hombre decidió ir a la montaña, a la cabaña, a la tierra con absoluta nieve en su terreno, y vivió ahí.