30 noviembre, 2016

Sueños de nieve en casa

Mi abuelo había muerto hace poco, la última vez que lo vi, estaba en su cama pálido, casi del color de la nieve, sus ojos brillaban y tenía una inmensa sonrisa que invadió su arrugado rostro. Tuve miedo de acercarme, me extendió su mano, tenía un sobre lleno de esperanzas y sueños, oí sus últimas palabras:

– Debes asegurarte de cumplir tus sueños – cerró sus parpados y pronto dejó de respirar, sin sufrimientos –

Pronto me sacaron de la habitación y me ordenaron que durmiera hasta mañana, de fondo oía los gritos inconsolables de mi madre. Caminé hasta mi cuarto y vi que lo único en el sobre eran unos billetes, mis esperanzas y sueños, en un país tropical que se divide entre lluvias y calores era poder ver la nieve.

Sueños de nieve en casa

Convencer a un adulto sería una tarea ruda y más con lo atareados que se encontraban, caminaban de un lado a otro, vestidos de negro; al principio traté de mencionárselo a mi mamá, pero apenas me refería al abuelo, ella se abatía y las lágrimas no paraban de rodar por su hinchado y rojo rostro, luego le dije a papá, pero quiso quedarse en casa consolando a mamá y la vecina me soltó un rotundo no en la cara. Entonces, ¿cómo cumpliría el sueño que era ahora de los dos?

Era domingo, apenas amanecía no solía despertarme temprano, sin embargo, me convencí que el abuelito cumpliría nuestras esperanzas y sueños, desde el cielo haría que nevara, mis ojos cansado se entrecerraban y terminé por dormirme. Mi mamá entró al cuarto, me despertó eran las diez de la mañana y el sol seguía dándonos calor, eso me decepcionó, mi mamá me apuro para que bajara a desayunar y se fue.

Me vestí y peiné mi cabello de lado, al estar arreglado revisé la gaveta donde había dejado el sobre y no estaba ¿Quién se la había llevado? ¿Dónde estaba? Bajé acelerado las escaleras al comedor y grité a mamá:

– ¡Mamá! ¡Mamá! Me han robado mi sobre –

Me enmudecí al ver trocitos de papel con forma de copos de nieve caer desde el piso de arriba, papá me dio un copo de nieve sabor a cereza, saboreé el frío por mi lengua y mi cerebro se congeló de lo rápido que lo comí, estaba tan agradecido, no hacía falta ir a un viaje lejano para poder ver la nieve, siempre estuvo en casa. Mi mamá sonrió y me sostuvo bajo sus brazos:

– ¡Feliz navidad! – dice mami.

– Mamá está nevando – dije al ver como se cumplían mis esperanzas y sueños -.