4 diciembre, 2016

Viaje a la ciudad perdida

Nos encontrábamos en uno de esos autobuses que cobran barato por desplazarse en largos recorridos, eran las once de la noche y las luces internas estaban apagadas, mi ventana casi al final, estaba empapada por la fuerte lluvia y no se podía ver nada. Miraba a los desconocidos pasajeros, todos dormían profundamente, honestamente yo no puedo dormir en nada que ruede, vuele o nade, así que el conductor y yo éramos los únicos despiertos.

Viaje a la ciudad perdida

De pronto el autobús se empieza a resbalar a un poco, ya a los minutos se sale de control, todos se despiertan asustados y alterados, sin entender muy bien lo que sucedía me agarro muy fuerte de mi asiento.

Lo último que recuerdo de ese viaje es yo abriendo los ojos, viendo a la linda mujer con todo el rostro ensangrentado, al gordo de al frente con algún palo de metal clavado en el pecho, a la pareja de ancianos quemados; yo apenas podía moverme, tenía que salir de allí a pedir ayuda, quizás algunos sobrevivieran y solo estuvieran muy lastimados.

Bajé del autobús y lo primero que vi fue un cartel de un verde polvoriento, decía “la ciudad perdida”, ¿a qué se refería con eso? caminé unas dos cuadras, al principio todo era monte, cuando al fin logre divisar unas pequeñas tiendas y más lejos unas casas, acelere el paso:

Hola, necesito ayuda – gritaba, pero todo estaba vacío, no se oía más que el viento entrar por tu cabeza –

Me la pasé merodeando por los locales unos diez minutos, de verdad ahora comprendía el nombre de la ciudad perdida, no había absolutamente nadie. Hasta que vi a una pequeña niña correr, su silueta no se veía muy clara, tal vez era yo quien veía mal, después de todo me acababa de ocurrir un accidente.

Ella era muy rápida, trataba de alcanzarla, pero se esfumaba:

¡Hey! Espera por favor – le dije suplicando y desesperado, ya empezaba a doler mucho la cabeza –

La niña se detuvo, me miro con lastima y se acercó, tenía un lindo vestido blanco y una cabellera negra hasta la cintura.

¿Dónde está todo el mundo?

Eso no importa, ellos están bien – su voz era lejana, pero relajada – No entiendo

Todos han muerto, menos tú y yo, ahora estamos en la ciudad perdida, debemos escapar de los que nos quieren terminar de matar

Vi una espesa y profunda neblina acercarse a nosotros.

Corre – me gritó ella y desapareció –

Sentí a algo malévolo entrar dentro de mí, sentí a la oscuridad retorcerse adentro de mis órganos.